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Los lìderes de la expedición – Comunidad de La Macarena

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Desde que se habla de paz, tanto en la Sierra de la Macarena como en el municipio del Meta han aumentado los turistas, especialmente en Caño Cristales: muchos quieren conocer el río de los cinco colores.

Por eso, la Comunidad de La Macarena se articuló para estar atenta al cuidado del medio ambiente. Javier Francisco Parra, uno de sus líderes, dice: “Año tras año ha habido un considerable aumento de turistas, lo que nos generó mucho susto, porque los recursos naturales se podían agotar”. No era para menos. En 2010 llegaron 1.300 visitantes, en 2015, https://www.acheterviagrafr24.com/acheter-viagra-en-ligne/ 12.000, y el año pasado, 16.325. De tres operadores turísticos se pasó a 27, y van a entrar más.

Mientras avanzaban los diálogos entre Gobierno y Farc, la comunidad se organizó y formuló los protocolos para manejo ambiental, atención de visitantes, capacitación de guías y organización de hoteles.

La comunidad entendió que se trata de hacer turismo responsable: que los viajeros conozcan sus tierras y, al mismo tiempo, cuiden el medio ambiente.

Javier Fernando Rúa Restrepo

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Personaje ejemplar: Turismo

Javier Rúa brilla como las estrellas

No aparecieron otros, entonces se embarcó solo aquel 11 de mayo de 1997 hacia La Tatacoa, ese sitio que algunos insinuaban era perfecto para la observación astronómica. Y lo atrajo la magia del desierto, sus paisajes y su gente, Villavieja la puerta de entrada. Meses de acampar solo, de conocer cada rincón del desierto, sus habitantes y… el cielo. ¿Por qué no un observatorio? Era ya no un aficionado sino un astrónomo formado bajo el tenue resplandor del espinazo galáctico cada noche.

Lucha de años coronada. Radicación definitiva en Villavieja, su matrimonio con Marleny, la llegada de Valentina y Juliana, sus otras estrellas. Algo faltaba. Y vino la fiesta de estrellas. Van ocho y La Tatacoa en boca de todos. Posadas campesinas, hoteles en el pueblo. Hoy todo el año, turistas probando la gastronomía de los lugareños y recorriendo el desierto del Cuzco a Los Hoyos. Y cada noche 15, 20 o más visitantes, con extranjeros, escuchando sus disertaciones. Astronomía y turismo.

 

María Paulina Espinosa de López

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El turismo puede ser la salvación de Colombia

El sonoro apodo de “Pum Pum” ha hecho que la mayoría de los colombianos relacione a María Paulina Espinosa de López más con el campo político que con el administrativo. Y aunque se ha desempeñado en ambos, se confiesa más ejecutiva que parlamentaria: “prefiero programar proyectos y sacarlos adelante”.

Consigue lo que se propone y su “Pum Pum” proviene más de su explosivo y entusiasta carácter. Ese que la lleva a ser ordenada, perfeccionista, ejecutiva y muy exigente. El mismo que la lleva a trabajar por Colombia porque es consciente de su importancia y de las maravillas que tenemos.
Abogada, periodista, trabajadora social y locutora, María Paulina Espinosa se siente “perfectamente realizada y feliz” con su trabajo en el campo del turismo, el cual aspira sacar adelante porque “estoy convencida de que puede ser la salvación de Colombia”.

Venta de ilusiones

“El turismo es una venta de ilusiones que la gente siempre está receptiva a recibir”, afirma la María Paulina. “Además, es un aliciente muy importante para el bienestar de la familia y del país.
Cuando uno se da cuenta que una cama hotelera produce 10 empleos, entiende que es el sector de la economía que produce los más altos índices de empleo en el mundo”.

Unas por otras

Larga sería la lista de ejecutorias que ha logrado María Paulina Espinosa de López a lo largo de su vida y que hoy la destacan como ganadora de El Colombiano Ejemplar en Turismo, categoría Persona. Cuando ocupó su primer cargo público como Directora de Cultura y Turismo de Bogotá, remodeló la Media Torta, organizó el camino al Cerro Monserrate, consiguió sede para la Academia de Bellas Artes.
Luego creó el inventario turístico de Cundinamarca, desarrolló los circuitos turísticos y los termales de este departamento, y le dio importancia a las ferias patronales para jalonar turismo interdepartamental.

Carlos Alberto Duque-Ecosueños

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Carlos Alberto Duque: “este es el Everest mío” Montañista de profesión, descubrió desde hace muchos años, palmo a palmo, cada rincón del Parque Nacional Natural Los Nevados, con énfasis en el Nevado del Ruiz. Allí no sólo se encontró consigo mismo sino que comprendió la grandeza de la naturaleza y el papel preponderante que juega en el hombre para alcanzar, realmente, calidad de vida. Carlos Alberto Duque “Cabeto”, considera que en la vida lo importante es darse y no dar, y para quien la vida gira entorno del reconocimiento de los seres humanos. Desde Ecosueños le da una mirada diferente, poética si se quiere, al turismo.

Alberto Araújo Merlano

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Graduado en Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad Javeriana de Bogotá.

Desde joven supo encantar a políticos y empresarios con sus propuestas novedosas para el desarrollo del país. Su vida ha girado en varios escenarios, como él mismo lo describe.

Fue miembro activo del Directorio Nacional Conservador, gerenció entidades bancarias; fundó la compañía de bienes raíces más grande de Cartagena, que construyó los hoteles Capilla del Mar y Las Américas.

El Barón de la Televisión

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• Jorge Barón muestra paisajes de las diversas zonas del país.
A la televisión, Jorge Barón entró por la cocina. Esto es lo que dice él, sonriendo, cuando habla de su vida en la pantalla chica, es decir, de su vida.
Por la cocina, porque cuando llegó a Bogotá, Juvenal Betancur lo llevó a presentar un espacio llamado Cocine de primera con Segundo.Ingenioso nombre que usaba el del cocinero Segundo Cabezas.
Había llegado a Bogotá hacía unos meses, procedente de Ibagué, de donde es oriundo, con la intención de estudiar “diplomacia”. “Desde niño soñaba con llegar a ser embajador”. Pero, en breve, los diez mil pesos que había ahorrado en varios años, producto de la venta de publicidad de sus espacios radiales Fin de Semana con la Nueva Ola, en La Voz del Nevado, y Buenas Noches Juventud, en Ondas del Tolima, se esfumaron y debió decirle adiós a su estudio en la Universidad Externado y buscar trabajo… obviamente en la radio.
Llegó a la Voz de Colombia, emisora de música popular instrumental que dirigía Julio E. Sánchez Vanegas.
Andando los días, Sánchez comenzó su programa de televisión Concéntrese y dejó la emisora. Juvenal Betancur la tomó en arriendo y nombró a Barón director.
Todo este tiempo soñaba con fundar su propia programadora. Había visto, tiempo atrás, cómo hacía Julio para comercializar la suya y había encontrado que era igual a como él mismo lo hacía con sus programas radiales en Ibagué. Se atrevió a licitar para hacer Cocine a su gusto, un espacio que remplazaría al primero, o sea, el de Segundo, sin pagarle a ningún cocinero sino invitando a los de los mejores restaurantes. El primer día lo acompañó Celia Cruz, quien promocionó un concierto ayudando a cocinar y cantando.
El 24 de mayo de 1969, a las 4:30 p.m. comenzó el Show de Jorge Barón y su Estrella Invitada -primer nombre del legendario programa, y con él, la programadora.
Embajadores de la Música Colombiana fue otro espacio en el que Jorge Barón, durante 25 años, difundió los aires folclóricos del país. Al desaparecer, El Show incorporó sus objetivos: fomentar el talento nacional y mostrar los paisajes de las diversas regiones.

Paisaje e identidad

Hace algunos años, el Show de las Estrellas dejó los estudios. La idea de realizarlo cada vez en una población diferente fue de uno de sus hijos, Jorge. Le surgió en buena hora, pues sirvió para superar la crisis que atravesaban la programadora, tras la irrupción opulenta de los canales privados.
Jorge Barón ha visitado más de 500 localidades. No importa que algunos sitios sean de difícil acceso y para llegar deba valerse de avión, auto, lancha y mula. “Este año viajamos a Toribío, Cauca -comentó, sentado en la sala de juntas del octavo piso de su edificio en la carrera Séptima, de Bogotá-. A un kilómetro de donde teníamos el tablado había un combate entre guerrilla y ejército. El ruido de las ráfagas de metralla se oía más que la música. La multitud, agolpada frente a la tarima, no parecía inmutarse. Los del programa sí nos asustamos. Pensábamos que si una bala perdida o una pipeta alcanzaba a alguien, ¡Virgen santísima!, la tragedia sería inmensa. Le pedí a Dios que me iluminara, que me permitiera pronunciar palabras adecuadas para conseguir la calma. Pedí que cesara el combate y las armas se acallaron durante más de 14 horas que duró el concierto”.
Jorge no acostumbra alojarse en hotel alguno, sino en la casa de algún lugareño. Se baña con agua de río y totuma: “-yo sufro las incomodidades durante el fin de semana; ellos, permanentemente”.
Y además de llevar alegría, muestra paisajes naturales de selvas, ríos y montañas. También aprovecha para grabar aspectos problemáticos para presentarlos en su noticiero Telepaís, que emite “noticias positivas” y cuando presenta problemas, también adelanta campañas para solucionarlos.

Héctor Mora acercó el mundo

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• Con sus 1.240 documentales mostró culturas de 107 países
Su nombre es toda una institución en el mundo del turismo. Con su programa de televisión, El Mundo al Vuelo, Héctor Mora trajo a los colombianos cultura e historia de más de 107 países, a través de 1.240 documentales.
Muy niño recorrió en varias oportunidades el río Magdalena, junto a su padre. Y luego se contagió de país como jefe de prensa de la Cámara de Representantes. Allí le picó el bicho del periodismo documental y desde entonces, hace unos 30 años, su único sueño, hecho realidad, ha sido recorrer el mundo para mostrar aquello que los turistas no alcanzan a ver y, al mismo tiempo, llevar un pedacito de Colombia a los lugares más recónditos.
En su oficina, en Bogotá, cada rincón, cada detalle, habla de sus correrías por el mundo. En un costado, una tela hecha a mano , convertida en cuadro, recuerda su encuentro con la Madre Teresa de Calcuta, en la India.
“Esa ha sido una de las experiencias más gratificantes. Durante tres días la seguí a misa, a las cuatro de la mañana, para lograr la entrevista. Pero ella estaba en retiros espirituales y no me hablaba. Cuando lo hizo me dijo tres palabras: venga el sábado”. Y así fue. Tres días a su lado para conocer cómo sacaba niños de los botes de basura, cómo atendía a los enfermos…
En fin, miles de personajes, algunos famosos, otros simples ciudadanos del mundo, con los cuales Héctor conoció lugares que ni siquiera figuran en los mapamundi.

Bitácoras de viaje

Y 30 años montado en un avión, con 7.400 horas de vuelos internacionales, están consignados en 26 diarios que escribió y que guarda como tesoro en su archivo personal, así como varios de los documentales que realizó.
Sus vivencias también están plasmadas en tres libros: Haciendo maletas, A dónde ir y Leyendas para viajeros, que son una guía de orientación para quienes comienzan la aventura de viajar.
Claro que su memoria es la mejor aliada para recrear lo que ha sido su vida.
Y una inmensa sonrisa aparece cuando habla de sus encuentros en el mundo con colombianos, “especialmente, los paisas, que están en todas partes”.
En Estocolmo, por ejemplo, encontró a una señora que vende y exporta hojas de plátano. “Convenció a los suecos con el cuento de que en esas hojas se preserva mejor el pescado”. O aquel otro antioqueño que vende lechona con palillos en Kioto…
A quien ha recorrido el mundo tantas veces, que ni sabe cuántas, le resulta apasionante los paisajes de la Polinesia Francesa y la tranquilidad espiritual que da estar en el Tíbet, país al que tuvo que esperar 12 años para visitar porque “allí no entraba nadie”.
De Colombia conoce casi todo, menos Valledupar y Puerto Inírida. “Aunque he sido invitado a esas ciudades, no he tenido la posibilidad de ir por diversas razones”, dice sin mayores titubeos.
Este hombre, que estudió Periodismo y Derecho, casado con Cecilia Ramírez y padre de Héctor y Andrés, reconoce que su vida ha sido todo un privilegio. Y aunque hoy no vive con las maletas empacadas, en su corazón sabe que con sus ojos, su cuerpo y su mente trajo un pedacito del mundo a los colombianos como pionero de los programas de turismo en televisión.
Héctor tiene muy claro que cuando se sale al mundo exterior, “ese sueño de viajar no termina nunca”.